El joven cofrade Enrique Sánchez Moreno anuncia la Pasión de 2026 en una exaltación marcada por la devoción mariana, la memoria cofrade y la ilusión de futuro
Villamartín comenzó a latir en clave de Semana Santa en una noche que tuvo más de oración compartida que de acto protocolario. El pregón pronunciado por el joven cofrade Enrique Sánchez Moreno —presentado por Gonzalo Espinosa Holgado— convirtió el anuncio de la Pasión de 2026 en una auténtica proclamación de fe popular, en la que tradición, vivencias personales y anhelos colectivos se fundieron bajo un mismo sentimiento.
La Virgen de las Montañas, raíz espiritual del pregón
La exaltación se abrió con un profundo acento mariano dirigido a la Virgen de las Montañas, referencia devocional indiscutible del municipio. Desde el primer instante, el pregonero situó su intervención en el terreno de la gratitud y la intimidad espiritual, evocando la llamada interior que, según expresó, sintió bajo la mirada de la Madre cuando esta desciende de Pajarete para encontrarse con su pueblo.
En un arranque de tono lírico y confesional, la Virgen fue presentada como consuelo, identidad y herencia compartida, como la presencia que transforma las calles en un abrazo colectivo y sostiene la fe sencilla de generaciones enteras. Así, el pregón quedó cimentado desde su inicio sobre la certeza de que la Semana Santa villamartinense no se entiende sin el amparo permanente de la Virgen Chiquita.
La Esperanza que aún no está… pero ya vive en el pueblo
Si hubo un instante que elevó la emoción de la noche hasta el clamor contenido, fue el dedicado a la futura Virgen de la Esperanza, titular mariana de la Hermandad del Prendimiento. Aún no ha llegado físicamente, pero su ausencia tangible contrasta con la intensidad con la que ya habita en la espiritualidad de sus hermanos.
El pregonero transformó este pasaje en una reivindicación devocional cargada de sensibilidad y esperanza. La evocó como consuelo de los enfermos, refugio de los que sufren y plenitud futura para una corporación joven que ha crecido sostenida por el trabajo silencioso y la ilusión compartida. En sus palabras se escuchaba la voz de todo un barrio que aguarda con fe la llegada de la Madre para acompañar al Señor en la noche del Miércoles Santo. La súplica se convirtió así en símbolo de una religiosidad viva, en construcción constante, que mira al futuro sin perder la raíz.
Infancia cofrade y memoria sentimental
Más allá de los momentos reivindicativos, el pregón avanzó como un recorrido por la propia biografía cofrade del exaltador. Sánchez Moreno evocó con especial ternura las primeras experiencias de la infancia: los sones lejanos que llamaban desde la noche, la ilusión de vestir la túnica por primera vez o la fascinación por el caminar de los pasos.
Su relato fue el de una generación que ha aprendido la Semana Santa desde la cercanía del barrio y el calor de la familia, descubriendo en ella no solo una tradición cultural, sino una vivencia espiritual que moldea la identidad personal y colectiva.
El Miércoles Santo del Prendimiento, fe que se hace consuelo
Uno de los bloques más intensos estuvo dedicado a la Hermandad del Prendimiento y a su barrio de la Coronación, descritos como un espacio donde la devoción se convierte en gesto concreto de humanidad. Especialmente conmovedora fue la evocación del paso por el hospital, momento en el que la procesión abandona el bullicio de las calles para entrar en el silencio de los pasillos blancos.
Allí, según narró el pregonero, la fe se transforma en presencia cercana para quienes sufren la enfermedad o la incertidumbre, convirtiendo cada visita en un auténtico acto de evangelización silenciosa. La escena fue descrita como uno de los signos más auténticos de la religiosidad popular contemporánea, capaz de llevar esperanza allí donde el dolor parece imponerse.
La voz de los costaleros y el esfuerzo invisible
El pregón reservó también un espacio destacado al mundo de la costalería, presentado como uno de los pilares esenciales de la Semana Santa local. Desde su experiencia personal, el exaltador describió el sacrificio físico y emocional de quienes sostienen los pasos desde el anonimato, cargando no solo el peso de la madera y el metal, sino también promesas, recuerdos y plegarias.
Fue un homenaje sincero a las cuadrillas que, año tras año, mantienen vivo el pulso de la tradición con una entrega que raramente busca reconocimiento público.
De la Pasión al gozo de la Resurrección
La narración avanzó después por los distintos momentos de la Semana Mayor, desde la alegría luminosa del Domingo de Ramos hasta la solemnidad recogida del Viernes Santo y el silencio reverente del Santo Entierro. Cada jornada fue descrita con un lenguaje sensorial que evocaba el olor a azahar, la cera derramada sobre las manos infantiles o el eco lejano de las marchas procesionales.
El pregón culminó en la explosión jubilosa del Domingo de Resurrección, presentado como la confirmación definitiva de que la fe, tras atravesar el dolor y la muerte, encuentra siempre un horizonte de vida nueva.
Una Semana Santa que se construye cada día
La intervención concluyó con una invitación a vivir la fe más allá de los días señalados, a mantenerla presente en lo cotidiano como guía y compromiso. Con un tono sereno y agradecido, Sánchez Moreno dejó en el ambiente la sensación de haber pronunciado algo más que un discurso: un acto de comunión colectiva que anunció la Semana Santa y, al mismo tiempo, reafirmó el espíritu de un pueblo que sigue construyendo su tradición con paciencia, trabajo y esperanza.
Así, Villamartín quedó convocado a su Semana Mayor de 2026 con la mirada puesta en el horizonte. Allí donde la Hermandad del Prendimiento continúa aguardando a su Virgen. Porque mientras la Esperanza no llegue en forma de imagen, seguirá llegando cada año convertida en oración compartida y en certeza íntima de que la fe, cuando es verdadera, siempre termina floreciendo.